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  • Samuel Leal

Corpus Christi en Atánquez, símbolo de resistencia y llamado a la tradición Kankuama

El pueblo de Atánquez está ubicado en el departamento del Cesar, exactamente en la vertiente sur-oriental de la Sierra Nevada de Santa Marta y es la capital del resguardo indígena kankuamo; quienes a diferencia de sus etnias hermanas (Arhuaco, Kogui y Wiwa) han experimentado un paulatino debilitamiento de sus usos y costumbres debido al contacto con la cultura europea, resultando en la pérdida de sus vestimentas tradicionales y lengua materna.

A pesar de que han enfrentado grandes ataques a lo largo de la historia, han logrado revivir prácticas culturales que determinan su identidad como pueblo indígena (Ministerio de Cultura, 2010), como la celebración del Corpus Christi, que refuerza el mito del fundador del pueblo y la fortalece cada año.

Esta celebración es una fiesta de la iglesia católica destinada a celebrar la eucaristía y en particular la comunión que en el siglo XI en Lieja (Bélgica) se prolongó para que los españoles que recibieron la tradición de Bélgica, la trasladaran al continente americano, aquí se desarrolló con todos los ingredientes que tiene el mestizaje. En el Caribe colombiano comenzó a aparecer en la subregión de Mompox, donde fue replicado por diferentes pueblos y de diferentes formas. Como resultado del sincretismo entre esta tradición católica y las creencias indígenas que no quisieron salir de su propio culto, surgen expresiones como las danzas de Cucambas y las danzas de los Diablos.

Por otro lado, en el pueblo de Atánquez se canta y se baila a ritmo de carrizos y tambores las danzas de Cucambas (representando al elemento indígena), danza de los negros (evocando a la cultura africana) y la danza de los diablos espejos (representación de la cultura española). Durante la danza se recorre el pueblo y se visitan los lugares sagrados o sitios de pagamento con el fin de no olvidar la tradición kankuama.

Para comprender mucho más sobre el papel de esta celebración en los Kankuamos, se utilizan criterios folclóricos, sugeridos por Darío Guevara, Raúl Iturria, Paulo de Carvalho, Augusto Raúl Cortázar, Alfredo Poviña y otros folclorólogos que, luego de debates, conferencias y congresos, se acordó una nueva estructura para repensar un hecho folclórico, siendo estos: popular o vulgar, tradicional, anónimo, no sistemático, funcional, espontáneo, colectivo, permanente o sobreviviente, regional, oral y nunca escrito.

Fotografía: Gerardo Reichel-Dolmatoff (1952)

Es popular porque es reconocido por todos los residentes del pueblo kankuamo como sus asentamientos más cercanos.

Es tradicional porque se transmite de generación en generación, tiene raíces familiares y su propagación o difusión ocurre de los ancianos a los jóvenes.

Aunque es conocido por todos, es anónimo porque se desconocen sus orígenes específicos, nadie sabe quiénes fueron los primeros bailarines, pero no es una barrera para celebrar ya que sirve como recordatorio de que tuvieron una vida pasada y tienen voz en el presente.


Tiene una función social, es decir, es funcional, ya que se ha convertido en un baluarte para restaurar las tradiciones indígenas, identificar los lugares sagrados y mantener cohesionada la comunidad que los rodea.

No es sistemático porque no tiene orden, la posición de los bailarines o procesiones, así como su recorrido han cambiado a lo largo de los años.

Es espontáneo porque nació sin intención de duración y ayuda a solidificar sus tradiciones, así como es colectivo porque involucra a todas las personas ya sea directa o indirectamente en cualquier actividad.

Es permanente debido a que se ha mantenido ininterrumpidamente al pasar los años, aunque ha tenido pocos cambios, como por ejemplo cambios de sitios sagrados, olvido de antiguas oraciones y de los “pisabarros” (antecesores de los diablos espejos). Un claro ejemplo de que no ha sido “tocado” se refleja en la parafernalia de las cucambas que permanece intacto.






Es regional porque contiene elementos que forman parte del patrimonio del pueblo, como canto, música, melodía, ritmo, instrumentos, parafernalia, etc.

Y, por último, es oral ya que no hay muchas escrituras detalladas que muestren el corpus christi atanquero como intentan retratarlo nuestros mayores, aunque no se niega la tradición escrita del folklore (folklore literario).

En resumen, la lucha, reivindicación e integridad cultural del corpus christi atanquero reflejan la identidad del pueblo indígena kankuamo, comunidad que ha librado mil batallas a lo largo de su historia para no desaparecer como una de las comunidades ancestrales del territorio, contando desde episodios aterradores y oscuros hasta su propósito actual, que es mostrar que sus tradiciones aún están vivas y están luchando por mantenerlas por más tiempo.



Fotografía: Daniel Maestre (2015)


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